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Industria cultural

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Breve descripción del concepto de “industria cultural”

Industria cultural se podría definir como el conjunto de empresas e instituciones cuya principal actividad económica es la producción de cultura con fines lucrativos. En el sistema de producción cultural pueden considerarse: la televisión, la radio, los diarios y revistas, industrias cinematográficas, discográficas, las editoriales, compañías de teatro o danza, las distribuidoras, etc., creando mecanismos que buscan a la vez aumentar el consumo de sus productos, modificar los hábitos sociales, educar, informar y, finalmente, transformar a la sociedad, por tanto abarca todos los ámbitos de la sociedad e intenta incluir a todos los individuos sin excepción.

Zallo define la Industria Cultural como: “un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo con una función de reproducción ideológica y social”.

En cualquier caso hay que destacar también la idea de que esta denominación tiende a crear una ilusión de semejanzas entre muy diversas industrias y consumos, unificando y disimulando diferencias significativas, las cuales son quizás aún mayores en el caso de la idea de “consumo cultural”, en la cual algunos autores no sólo incluyen los consumos de los productos de las “industrias culturales” sino también otros, como por ejemplo la asistencia a teatros, galerías de arte, museos y otros establecimientos semejantes. Por otra parte, ciertas maneras de denominar a estas industrias y consumos tiende a dotarlos de una suerte de status privilegiado, de una cierta “aura”.

Las industrias culturales en España:

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En definitiva se trata de un término que puede abarcar un número amplísimo de conceptos, véase tan sólo los libros que versan en este sentido, citados por Enrique Bustamante en su "Comunicación y cultura en la era digital".

Algunas notas históricas

La expresión "industria cultural" fue empleada por primera vez por los teóricos de la Escuela de Frankfurt, que intentaba recoger así el cambio radical que se estaba produciendo tanto en la forma de producción como en el lugar social ocupado por la cultura. Theodor Adorno y Max Horkheimer, en el libro Dialéctica de la ilustración, entre otros, profundizan sobre la cultura y los procesos industriales.

Max Horkheimer y Theodor Adorno, “La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas”.

Max Horkheimer & Theodor Adorno, “Dialéctica del Iluminismo”.

Lo que en esos años de mediados del s.XX se hacía evidente para la Escuela no era tanto la mercantilización de la cultura o la aplicación de procedimientos industriales a la producción cultural (procesos ya iniciados mucho antes), sino dos factores que habrían de resultar decisivos en la conformación del citado cambio: la expansión del mercado cultural que, progresivamente, iba dando lugar a una forma especial de cultura, la llamada cultura de masas, y la aplicación de los principios de organización del trabajo a la producción cultural.

"El mundo de los negocios observó la tendencia y aprovechó la oportunidad. Se realizaron megafusiones y se movilizó capital a lo largo del mundo para tomar posición en la industria de los medios, una industria que podía unir el poder en las esferas económica, cultural y política", como apuntó Manuel Castells.

Reflexiones sobre la Industria Cultural

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Consecuencia más importante del proceso de mercantilización de la cultura es la fusión de cultura y entretenimiento. Se busca escapar al aburrimiento con nuevas experiencias, buscando lo fácil y superficial, sin esfuerzo. Así, más que diversión se da una reproducción y confirmación de las formas de vida dominantes, existiendo una función social en la diversión comercializada. La paradoja que representa el tiempo libre regido por la industria cultural es que reproduce los esquemas del mundo laboral. En la diversión ofrecida por la industria de la cultura se tiende a borrar exigencias o pretensiones inesperadas dirigidas a un pensamiento independiente propio de sujetos autónomos, haciendo que los consumidores sean pasivos y, sobre todo, consumidores, propiciando reproducir modelos de asociación recurrentes y estereotipos repetitivos e impidiendo la oposición crítica como forma de consumo cultural. Por otra parte, la industria cultural cuenta con una oferta gigantesca y propicia la idea de que casi no se pueda dar un paso fuera del ámbito del trabajo sin topar con alguna manifestación perteneciente a la industria de la cultura. Por esto, se llega a “decretar una risa que se convierte muy frecuentemente en un instrumento para estafar la felicidad”, en palabras de José A. Zamora. Además, con la cultura producida como mercancía se da la facilidad de venta. Muchos de los centros culturales que existen se asemejan más a centros comerciales, donde la gente va a pasar el día y a consumir cultura o más bien productos culturales banales, “Estamos creando una sociedad a quien cuesta leer y escribir, mientras que tiene una capacidad excepcional para retener imágenes de televisión”, como afirma Javier Celaya (http://www.dosdoce.com). Se da por sentada la incapacidad de comprensión del público, eliminando de los productos culturales lo que éstos tienen de desafío y provocación. Pensar y actuar tal como todos hacen dentro del propio ambiente, sugiere la impresión de ser parte de un todo más poderoso.
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A pesar de que la producción cultural está dominada por el principio de estandarización, los productos de la industria cultural se intentan presentar como lo contrario. Son reproducidos en cada momento aquellos esquemas de percepción y de comportamiento guiados por clichés, que necesitan las personas para sobrevivir en una vida monopolizada. Lo que le sucede a la cultura bajo el imperativo del principio de intercambio capitalista, la denigración de su valor de uso a medio de entretenimiento y distracción, tiene por tanto un carácter ejemplar para el conjunto de la sociedad, conformando una tendencia al conformismo, a la trivialización y a la estandarización, a favor de la liquidación del individuo. Hace unas décadas, la cultura era una exquisitez apreciada por unos pocos privilegiados, mientras que hoy en día constituye una de las principales industrias de la economía mundial.

Este proceso de democratización de la cultura sería deseable si se mantuvieran unos niveles de calidad y de diversidad cultural que no siempre se dan, como se ha señalado anteriormente. No obstante las discusiones teóricas que se han realizado alrededor del concepto, la industria cultural definida por José Joaquín Brunner se resumiría en “el modo de producción moderno de bienes simbólicos cuyos productos alcanzan primero una difusión masiva en la sociedad”, una definición acertada aunque un tanto amable.

No todo es industria en cultura

Un ejemplo de iniciativa al margen del concepto de industria cultural que se viene analizando y que, al tiempo, pone de manifiesto la diversidad contra la que muchas veces lucha la filosofía que creó la industria de la cultura sería el siguiente: ya que no todos los músicos son iguales, y hay quienes ven en Internet un modelo de difusión cultural e intercambio, además del beneficio en ambos sentidos (para los autores y para los usuarios), artistas como Enrique Sierra, ex guitarrista de Radio Futura, ante “la decadencia de la industria cultural” decidió poner en marcha www.127.es. Se trata de un lugar donde se puede obtener contenidos digitales completamente legal y gratis, en el que es posible encontrar contenidos ya sean de audio o imagen, como documentos de texto o incluso software. Para ello, los autores que compartan sus obras recibirán el 50 % de los ingresos generados mediante la publicidad y que irá en función del número de descargas de sus obras. Por el momento hay 500 obras pertenecientes a 327 autores de 50 países, aunque sin duda este tipo de iniciativas están avocadas al éxito, provocando no sólo una democratización de la cultura, sino una auténtica democracia cultural, participativa, libre, cooporetiva... (http://www.genbeta.com).

Las industrias culturales en Andalucía

Como ya se ha venido comentando anteriormente, no todo lo que en principio se puede definir como industria cultural atiende a los mismos patrones aquí expuestos. De hecho, las industrias culturales en Andalucía tienen una importancia cada día más significativa y son objeto de apoyo de cara al impulso económico y de desarrollo en general que representan para la comunidad. De ahí la creación de la Feria de Industrias Culturales Andaluzas (FICA), donde se dan lugar todo tipo de iniciativas en la región: Patrimonio cultural; material impreso y literatura; archivos y bibliotecas; música, flamenco y artes escénicas; artes visuales, plásticas y artesanía; medios de comunicación, audio y audiovisuales; multimedia; arquitectura, diseño y publicidad y actividades socioculturales. Esta feria sirve también como testigo ejemplar de la variedad y del peso del sector también en nuestra comunidad.

Bibliografía

Benjamín, Walter. El arte en la época de su reproducción mecánica. Ed. CURRAN, J. y otros. Sociedad y Comunicación de Masas. F.C.E. México, 1981.


Bustamante, Enrique (coord). Comunicación y cultura en la era digital.


Castells, Manuel. La era de la información. Vol II. El poder de la identidad. Siglo XXI editores. México, 1999.


García Canclini, Néstor. Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización. México, Grijalbo, 1995.


García Canclini, Néstor. La globalización imaginada. Ed. Paidós. México,1999.


Horkheimer, Max y Adorno, Theodor. La industria cultural, en Autores varios Industria cultural y sociedad de masas. Monte Avila Editores. Caracas, 1979.


Martín-Barbero, Jesús y Ana María Ochoa Gautier. Políticas de multiculturalidad y desubicaciones de lo popular. Ed. Daniel Mato. 2001.

Martín-Barbero, Jesús y Ana María Ochoa Gautier. Globalización, cultura y transformaciones sociales. Ed. Consejo. Buenos Aires, 2001.


Martín-Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Ed. Gustavo Gilli S.A. 2° Edición. México, 1991. Parte I


Mattelart, Armand. La mundialización de la comunicación. Ed. Paidós. Barcelona, 1997.


Weber, Max. Economía y Sociedad. Fondo de Cultura Económica. Primera reimpresión en Español. Santafé de Bogotá, D.C., 1997.

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