"I Concurso Wikanda: Misterios, Enigmas y Leyendas de Andalucía"

Verdiales

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Los verdiales son una manifestación socio-musical de origen campesino, privativa de determinados puntos geográficos en la provincia de Málaga, (Andalucía, España) - comarca de la Axarquía, valle del Guadalhorce y Montes de Málaga- y constituida por un particular estilo de cante y baile ejecutados con el acompañamiento de una rondalla compuesta por un violín, de dos a cuatro guitarras, un pandero, dos o más crótalos (platillos), castañuelas (palillos) y, en algunos de sus estilos, un laúd o bandurria. En el argot, al conjunto de intérpretes músicos, cantantes (cantaores), y bailarines (bailaores) se le denomina Panda de Verdiales, y a sus actuaciones Fiesta de Verdiales. Al miembro de una panda se le llama fiestero.

Etimología

La procedencia de la palabra que designa a esta tradición campesina parece estar en la comarca olivarera malagueña donde se cultiva una variedad de aceituna denominada verdial por conservarse verde aún madura.

Importancia académica

Los Verdiales despiertan interés musicológico y antropológico principalmente por tres motivos:

i) Antigüedad: Según flamencólogos como Hipólito Rossy (Teoría del Cante Jondo.- Credsa, Barcelona, 1998) y José Luque Navajas (Málaga en el cante.-El Guadalorce.-Málaga, 1965) los verdiales son, como poco, la más primitiva forma de fandango malagueño y, casi con seguridad, puede que del andaluz en su conjunto. Alfredo Arrebola (Doctor en Filosofía, flamencólogo y cantaor) llega a afirmar que "el fandango más antiguo que registra la historia flamenca es, exactamente, el de Málaga" con sus dos formas "verdiales y fandangos abandolaos, siendo los más viejos los primeros, incluso anteriores al mismo flamenco" (V Congreso de Folclore Andaluz).

ii) Pureza: Es un fandango campesino que, tal y como expresa Luque Navajas, "debido a su copioso acompañamiento, ha evolucionado muy poco , conservando aún su naturaleza primitiva, de una rudeza y autenticidad impresionantes".

iii) Vitalidad: Al contrario que otras manifestaciones artísticas andaluzas que se desnaturalizaron al desaparecer su contexto cultural y academizarse, los verdiales se han seguido transmitiendo de padres a hijos de manera ininterrumpida hasta la actualidad por lo que se trata de una genuina y rara muestra de folclore vivo.

Estilos

La tradición ha legado a la época actual tres estilos que se designan según la zona geográfica donde han alcanzado prevalencia. Se trata de los estilos de Almogía, Montes y Comares.

Almogía

Se distingue por las siguientes características:

  • Instrumentación: Violín, dos o más guitarras, dos o más platillos, pandero y castañuelas.
  • Compás: Es el más veloz de los tres estilos.
  • Interpretación o toque distintivo: Repiqueteo seguido de los platillos; el pandero se toca con menos golpes, más rasgueos y a veces se hacen florituras con él como golpearse los codos y las rodillas; las guitarras no se puntean, sólo hacen compás y dan las notas para el cante, lo que, según algunos, aumenta la posibilidad de lucimiento de los cantaores en este estilo.

El violín, como en los demás estilos, es el último instrumento que se incorpora, convirtiéndose en el director que inicia y finaliza las piezas (luchas), marca los tiempos, acompaña al cante y "canta", haciendo los decires o subías.

  • Cante:
  • Baile y bandera: Por ser el estilo más rápido, el baile tiene más mudanzas y posturas, por ello suele decirse que bailaores y bailaoras tienen que ser "ardillas" para llevar adecuadamente el ritmo con los pies. El baile de la bandera (consistente en girar rítmicamente con gran habilidad una bandera estampada con colores y símbolos comarcales, regionales y nacionales) es muy vistoso porque el rápido ritmo se presta al lucimiento. Se dice que el baile de la bandera es originario de éste estilo.

El Estilo Almogía es el más extenso, geográficamente hablando, porque toca los límites de Málaga con seis de sus pueblos, no por eso es el más prolífico en pandas aunque mantiene una gran afición por la Fiesta y gracias a la enseñanza municipal y privada está muy bien acogida entre la juventud.

Montes

Se distingue por las siguientes características:

  • Instrumentación: Violín, dos o más guitarras, dos o más platillos, pandero y castañuelas.
  • Compás: Aunque varía según la panda, no debe superar en velocidad al estilo almogía. En el estilo Montes, la cadencia, vigor, limpieza, continuidad, constancia y precisión del compás constituye la sustancia en la que en contadas ocasiones el oyente experto encuentra el "duende", la "buena fiesta", la esencia o el "Ser" del arte en cuanto arte.
  • Interpretación o toque distintivo: El pandero, que es el instrumento más significativo por ser el más arcaico que se utiliza en la Fiesta, es bastante mayor de diámetro que en los demás estilo y tiene más sonajas, es el único que merece el nombre de pandero, los demás son panderetas. Su toque se distingue por los golpes secos con que marca el compás y por los rasgueos con que acompaña al cante, aquí el pandero no hace florituras, no puede, lleva el mando de la percusión mientras que el violín (instrumento director) da los tonos para el cante y hace los decires. Las castañuelas también forman parte de la percusión, están hechas para manos de mujer, aunque hay hombres que las tocan magistralmente, el primor y la dulzura de la mujer le dan a la fiesta un ritmos más armonioso, más melodioso y menos agresivo. Las guitarras normalmente sólo hacen compás y van dando las notas para el cante. Algunos virtuosos hacen adornos y punteos que resultan muy bonitos y musicales, pero son pocos los que ¨ tiran puñaitos de música ¨ desde las cuerdas de la guitarra, la misión de ésta es el compás y darle las notas al cante. El violín, curiosamente este instrumento es el último incorporado a la fiesta y sin embargo ha pasado a ser el protagonista absoluto, sin él no se concibe esta, es el instrumento director, marca el ritmo de la entrada y señala el final, hace los decires, es decir, canta con los cantaores y sólo, todo eso lo ha hecho imprescindible.

El Estilo Montes está considerado como el más antiguo y mejor conservado por sus formas puras y genuinas.

Comares

El estilo de Comares es, sin lugar a dudas, el más rico musicalmente hablando. Esto se debe a que aquí el protagonismo lo tienen las cuerdas. Los platillos, que se tocan repiqueteados, llevan el ritmo con el pandero que en esta modalidad tiene poco lucimiento. El violín, con los melismas árabes y las guitarras, laudes y bandurrias que se tocan punteados, son los instrumentos que le dan a este estilo su sello característico. El baile es muy armonioso y los bailaores tienen más posibilidades de hacer posturas y desplantes.

Geografía

Además de en los Verdiales, la fiesta se ha manifestado desde tiempo inmemorial por los partíos -divisiones territoriales de naturaleza jurídica o administrativa que tienen por cabeza un pueblo principal- Venta Larga, Tres Chaperas, Jotrón y Lomilla, Santa Catalina, Roalabota, Jarazmín, Santon Pitar, además de extenderse por el oeste hasta el Barranco del Sol, por el norte a Casabermeja y Colmenar, y por el este a Jaboneros y Olías; siendo estos los enclaves donde se da, precisamente, el estilo de toque verdialero, el de Montes, que puede considerarse musicológicamente como más auténtico de los tres existentes en nuestros días -Montes, Almogía y Comares- por ser el que participa de más rudeza o, como se dice en el argot, el que se toca a puro compás.

El estilo de Almogía es el de mayor extensión geográfica: empieza en las Yeseras de Cártama y termina en El Torcal por Jeva.

Historia antigua

Según comenta el etnomusicólogo Miguel Ángel Berlanga, puede que las primeras reseñas históricas que hacen referencia a los bailes andaluces procedan del griego Estrabón, el cual escribió que un personaje egipcio del s. II a. C., Eudoxos, embarcó desde Cádiz hacia otras zonas del Atlántico, parece que de África, a muchachas músicas posiblemente para mercadear con sus dotes como cantantes, instrumentistas o bailarinas con crótalos en esas tierras.

No es de extrañar ya que hay evidencias de que en el sur de España, en época prerromana, ya existía una cultura floreciente conformada al oeste por tartessos y al este por los turdetanos y bastetanos. La riqueza minera de esta zona (minas de Riotinto, Tarsis, Huelva...) atrajo a fenicios, griegos y romanos los cuales se encontraron no con un conjunto de pueblos aislados, sino con toda una civilización mediterráneo-occidental bastante desarrollada como prueba el hecho de que la Bética alcanzase a ser una de las circunscripciones más desarrolladas del Imperio Romano además de aportar a su vida pública emperadores (Trajano, Adriano), intelectuales como Séneca y obispos influyentes como Ossio. Estos factores propiciaron el intercambio de danzas y canciones de manera que Hipólito Rossy comenta en su obra Teoría del Cante Jondo que en época griega ya sería característica típica del canto en el sur de España su estilo melismático.

De época romana datan valiosas representaciones de lo que parecen ser manifestaciones artísticas precursoras de las pandas de Verdiales. En un mosaico dedicado a Baco encontrado en Córdoba, aparece una mujer tocando una especie de pandero. Este instrumento, extendido también por gran parte del Mediterráneo, ha sido muy popular en España en bailes y danzas hasta bien entrado el siglo XIX y en la actualidad se toca en algunos bailes folclórico-tradicionales en Andalucía (Alpujarras, Montes de Málaga...), Extremadura y Castilla siendo el elemento rítmico primordial en lo que a los Verdiales se refiere. La estética flamenca, sin embargo, no ha adoptado el uso de este instrumento musical por lo que podemos hablar de que se trata a las claras de un elemento preflamenco.

Pero es un mosaico hallado en las ruinas de Pompeya que se conserva en el Museo de Nápoles el que quizás constituye la prueba más sugerente acerca de la antigüedad y conexiones rituales de las pandas de verdiales con arcaicas fiestas mediterráneas precristianas. Esto es debido a la similitud existente entre los instrumentos, la manera de actuar y la vestimenta de estas pandas con el grupo de músicos representado en la catalogada como Scena comica con suonatori ambulanti. Se trata de una copia en mosaico romano del siglo I de una pintura helenística del siglo III a. C. En la Scena aparece un grupo de músicos de la antigüedad helénica que portan un pandero con cintas de adorno, unos crotalillos o platillos de bronce, una caracola que anuncia la llegada de los músicos, y una flauta doble tipo aulós. Además, dos de los cuatro músicos van tocados con adornos de flores en la cabeza, al estilo de los que los tontos (chascarrillo con el que se alude a los miembros de las pandas de verdiales por celebrar su Fiesta Mayor el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes) llevan en sus sombreros de palma. Todos esos objetos, excepto la flauta doble, son característicos de las pandas de verdiales malagueñas en la actualidad lo que sugiere la existencia de una continuidad en la tradición.

Historia moderna

Se puede considerar que este período abarca desde los años de los que datan las grabaciones audiovisuales de Verdiales más antiguas (1950-1960) hasta la actualidad. También se puede justificar tal datación sobre la base de que es en estas fechas cuando Málaga capital empieza a valorar la "fiesta" que algunos consideraron como "cosas de catetos", y ello debido a que la sucesiva instalación de los campesinos emigrantes desde los montes circundantes a los barrios periféricos de la ciudad permitió un acercamiento de este fandango a la ciudad y que acabara convirtiéndose casi en un símbolo de la identidad colectiva de la provincia de Málaga.

Las Rifas

Consiste en una forma de subasta en la que los componentes de la panda (fiesteros) y los asistentes a la fiesta, en un ambiente distendido, proponen retos o apuestas relacionados en mayor o menor medida con la ejecución del toque, el cante o el baile, a cambio de alguna recompensa económica. Si el retado se niega a realizar la tarea encomendada o pretende modificarla, entonces debe de aportar de su bolsillo una cantidad superior a la puesta en juego por el retador. Lo usual es que algún aficionado done cierta cantidad de dinero a la panda a condición de que toquen, bailen o canten los fiesteros o cualquiera de los asistentes a la fiesta que él disponga.

Antiguamente también se rifaba llevarse la panda a otro caserío vecino o la venta próxima, y otras muchas ocurrencias de los asistentes. Como el fin del dinero recaudado tenía un carácter benéfico estaba permitido casi todo. Por eso de que - el fin justifica los medios -. El día veintiocho de diciembre, día de los Santos Inocentes, regresaban las pandas a sus respectivas ermitas para hacer la ofrenda de lo recaudado. Probablemente de ahí venga el remoquete de ¨ Tontos ¨. Éste era el gran acontecimiento, la primera panda que llegaba salía a recibir a la siguiente tocando y ésta le correspondía en la misma forma. El saludo se convertía en un pulso musical hasta que una de las dos perdía el compás. A éste acto se le llamaba ¨ El Choque ¨ y, creo que también, dio origen a la definición de ¨ Lucha ¨ por un rato de Fiesta. El Choque en las ermitas donde todos eran conocidos era un acto musical y pacífico, otra cosa era cuando se encontraban durante el recorrido dos pandas de distintos términos, entonces El Choque tomaba una cariz más agresivo, llegando en ocasiones a rajarse las banderas entre los bailaores de ésta, e incluso pasar a mayores.

Opiniones

  • ¨Este primitivo fandango malagueño, bailable, de compás ternario, es incluso anterior a la aparición del fenómeno flamenco. ¨

(José Luque Navajas)

  • ¨Es, sin duda, el fandango más antiguo de la región malagueña, nacido precisamente en la zona olivarera llamada Verdiales, cuyo influjo se extendió luego a otras latitudes andaluzas. Su acento parece derivar de ciertas arcaicas formas moriscas, no sólo percibidas en algunas específicas modalidades de baile sino en ese peculiar acompañamiento de violines, platillos, almireces, castañuelas y panderetas con que suelen acompañarse algunos de sus primordiales estilos locales. Se trata, evidentemente, de un fandango arábigo-andaluz que asimiló en un determinado momento, por influjos de vecindad, algunos caracteres del flamenco...¨

(José Manuel Caballero Bonal)

  • Los verdiales (del latín viridis: verde, joven, vigoroso, vivo; en castellano, verdial) son prototipo de fandango campesino o, al menos, de pueblo rural o agrícola. Su nombre alude a la comarca malagueña de ¨ Los Verdiales ¨. Verdial llámese a una variedad de aceitunas. La zona de verdiales es, pues, olivarera. Se trata de un cante típicamente morisco, en el que sin duda resuenan ecos del primitivo fandango de los moros andaluces.

(Ricardo Molina)

  • ¨...los primeros aires de los verdiales malagueños tienen sin duda un origen morisco, son las mismas melodías que cantaban acompañándose al laúd los súbditos de Ibn Alcamar y Boabdil El Grande, sus coplas son trozos de antiguos romances moriscos.

(Charles Davillier)

  • Los verdiales son una especie de monumento arcaico-musical, una joya del patrimonio cultural malagueño. O, más en concreto, una sagrada reliquia malagueña de remotísimas épocas mediterráneas, a las que en el caso de los verdiales remiten en directo tanto la música como los sombreretes de flores, y la vinculación de la fiesta de verdiales a la no menos remotísima religión de los cultos al Sol.
  • Para mayor mérito, es sagrada reliquia que ha pervivido tranquilamente a lo largo de milenios. Y que ha sobrevivido así, tercamente, a las sucesivas invasiones y asentamientos poblacionales de gentes foráneas que, no menos, a lo largo de milenios, con las sucesivas colonizaciones culturales llegadas de la mano de invasores, una tras otra fueron gradualmente aniquilando casi todos los arcaicos signos de identidad a todo lo largo y ancho del ámbito malagueño de sierras y costas. Y así, tras la colonización libio-fenicia o cartaginesa, la colonización romana, la colonización visigótica, la invasión y asentamiento de los bizantinos, la colonización árabe islámica, y finalmente la colonización cristiano-castellana, de los arcaicos y muy remotos signos malagueños de identidad sólo quedaron unas cuantas cosa: los vinos, las pasas, los pueblecitos blancos de cal encaramados encima de las montañas. Y los verdiales.

(Miguel Romero Esteo)

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